Los retos de la mujer en la cultura y el arte

Artículo de Martha Chapa

A lo largo de la  historia del arte, la mujer no ha participado plenamente en el rubro de la creación artística salvo grandes y contadas excepciones, sobre todo pertenecientes a la época contemporánea.

Martha Chapa

Martha Chapa es una pintora, escultora y escritora mexicana originaria de Monterrey, Nuevo León,

Si bien aparece en muchas pinturas y esculturas del pasado, son obras generadas por los hombres de  diferentes siglos, donde quedan sólo como una presencia reducida a un motivo o modelo así sea con una belleza deslumbrante, pero muy lejana al mero acto creativo.  Es el caso,  por ejemplo, de La Gioconda consagrada por Da Vinci o La Maja Desnuda, por Goya, entre otras.

Es evidente, que también en la cultura y el arte se da un  paralelismo conforme evolucionan    los derechos y la equidad de género dentro de una sociedad. Es decir, que en la medida de su participación se refleja proporcionalmente en los demás rubros o actividades del entorno social. Lo importante es que en tanto fue avanzando su liberación,  la  presencia se hizo más equitativa, notoria y decisiva.

Así, hacia finales del siglo XIX, con el despertar de la conciencia de género, se van inscribiéndose   más mujeres en la creación artística,  y ya no como espectadoras, sino como artistas lo mismo en la pintura que la  música, las letras, la  fotografía o el cine.

En nuestro caso, el de México, se confirma igualmente ese proceso evolutivo, por lo que bastaría un  breve repaso histórico para confirmarlo: Por decir, en la etapa de la Colonia, donde se trata casi siempre a monjas que no eran consideradas artistas pues  además de que el acto creativo se juzgaba en las mujeres como producto de mero entretenimiento, los ideales de esa sociedad sólo avalaban y valoraban a las mujeres casadas y religiosas  en términos de sus actos piadosos o en su participación dentro  de los conventos. Ahí, sólo se enseñaban el canto, la música y la pintura, para fines domésticos, junto el bordado o la cocina, y bien lo sabemos, sin reconocimiento alguno, en el anonimato y acotadas.

Cuando encontramos referencias a la pintura, se trata por igual de pequeñas alusiones a las religiosas que acostumbraban ilustrar misales o desarrollar el género de la miniatura, a pesar de que con destreza pintaron lienzos y murales al fresco, dato que hace suponer que parte de la plástica anónima del Virreinato pudo haber sido obra femenina. Y queda claro entonces, que el caso de Sor Juana, es una verdadera y gran excepción. Y así en los siglos subsiguientes.

En contrapartida, a finales del XIX y avanzado el XX, empiezan a surgir artistas en toda la palabra y van adquiriendo cada vez mayor trascendencia, como se confirma en el campo de las letras con prominentes escritoras, entre las cuales debemos mencionar a Rosario Castellanos, Elena Garro, Elena Poniatowska, Guadalupe Dueñas, Dolores Castro, junto a otras muchas más exitosas escritoras que aparecen poco más adelante. En cuanto al universo de las imágenes fijas, sobresalen también por su talento un importante número de fotógrafas: Kati Horna, Mariana Yampolsky, Graciela Iturbide o Paulita Lavista.  Y por igual en la pintura como María Izquierdo, Cordelia Urueta y desde luego la genial Frida Khalo.

Por igual otras tantas que marcaron poco antes o después ese acontecer: Esperanza Iris, Antonieta Rivas Mercado, Ángela Peralta, María Teresa Montoya, Amalia Castillo Ledón, en diversas disciplinas.

Como vemos, es hasta el siglo XX cuando de hecho se abren nuevos y mayores espacios para nuestra presencia y activa participación, por lo que desde décadas recientes la mujer ocupa ya relevantes posiciones en prácticamente todas las responsabilidades y tareas existentes,  se trate de la política, el  deporte, la ciencia o en el propio universo artístico, a pesar de ciertos resabios de discriminación, intolerancia o  machismo que todavía gravitan y conforman un gigantesco reto en nuestros días para todas nosotras.
En efecto, más allá de los inmensos avances que hemos conseguido en la dura y extensa lucha a favor de los derechos de las mujeres, en los albores del siglo XXI tenemos problemas y retos que asumir y superar. Y justo entre los más importantes que se ubican en estos horizontes, menciono a la educación y la cultura.

En el plano educativo, debemos entre muchos otros propósitos, comprometernos dentro y fuera del hogar o el seno familiar, a elevar el nivel de las y los mexicanos, como también   fomentar el hábito de la lectura principalmente entre nuestros niños y adolescentes, así como hermanar más y mejor educación, ciencia y humanidades, o bien encauzar esos destinos hacia el mundo laboral con un sentido de desarrollo humano y justicia social.

¡Qué no haya nadie que deje de estudiar y tenga un trabajo!

Y de referimos al campo de la cultura, es preciso igualmente impulsar más la creación, tener nuevos centros de enseñanza artística, ampliar la infraestructura cultural, mejorar los contenidos en los medios electrónicos, y en general promover y defender la cultura  con mucho mayor ahínco, por citar algunas de las metas esenciales.

Queda entonces claro que hay avances, pero a la vez obstáculos y desafíos que enfrentar, lo cual sólo será  posible con la participación de las mujeres en  pensamiento  y acción, además de mantenernos unidas, valientes, lúcidas y decididas.

Y lo mejor de todo es que, como lo comprueba la historia, sólo así ha sido y será posible avanzar más y mejor.